El concepto de Chancla Collective ha sido una idea que ha dado vueltas en mi cabeza por mucho tiempo, y que nace de mi experiencia con los retos de implementación de proyectos de tecnología.
En mi vida como profesional, una de mis pasiones es identificar y tratar de solucionar problemas a donde quiera que vaya, pero uno de los retos clásicos es navegar la línea de “esa herramienta está increíble pero es muy cara”. Muchas veces identificar el problema de negocio es relativamente sencillo pero la labor de concientizar a la organización o empresa sobre el valor de su inversión en la solución es donde las cosas que complican. Esto usualmente incluye herramientas y software pero también aplica a personal y recursos humanos.
Esta variedad de factores conduce a la relativa falta de profesionales en tecnología colaborando directamente en las organizaciones, que nace a veces de la filosofía emprendedora y el entusiasmo intrínseco que lleva a un grupo de personas a organizarse y atacar un problema en su comunidad. Muchas veces ese sentimiento lleva a tratar de usar muchos sombreros y atacar problemas no precisamente dentro de su área de conocimiento persiguiendo optimizar sus recursos. Esto conlleva a que los esfuerzos del personal se diluyen e impiden que la organización ataque retos más importantes.
De igual manera, navegar el mar de soluciones y proveedores tecnológicos que existen siempre es una labor titánica, entre discernir intereses particulares por parte de estos consultores como ser confrontado con una sopa de términos y conceptos totalmente ajenos a la vida diaria y experiencia del trabajo de las organizaciones; también como personas tecnológicas somos partícipes en fomentar el oscurantismo técnico al considerar al usuario como una entidad y no como una persona completa con metas y necesidades.
Yo me pongo la Chancla porque creo que no es necesario depender de un Prometeo para bajar el conocimiento sobre tecnología a las organizaciones, que la tecnología es algo que se puede comprender con la ayuda correcta sin caer en oscurantismo, condescendencia o leer los asientos del café; pero al mismo tiempo las personas técnicas podemos agregar valor donde sea y somos una inversión que siempre paga dividendos, ya sea en corto, mediano o largo plazo.